Escribir para vivir mejor

Hola, soy Isabel Ibáñez de la Calle y hoy quiero hablarte de mí.

Hace cinco años, tenía un trabajo de oficina. Era un buen trabajo, bien remunerado, con prestigio y, sobre todo, era un lugar en el que tenía amigos. Si algo recuerdo de esa empresa, es a la gente tan linda que encontré. Aún así, no me sentía bien, tampoco es que me levantara todas las mañanas con el máximo pesar, pero mis días iban y venían sin más. Vacío. Recuerdo que cuando iba en el coche, subiendo por Avenida Constituyentes, aquí en la Ciudad de México, pensaba en mis sentimientos: pensaba que si tuviera otro trabajo sería más feliz; si no tuviera que manejar más de una hora todos los días… si esto, si el otro…

Pensaba que mi trabajo me había robado gran parte de lo que amaba: leer, escribir, enseñar. El problema es que esos pensamientos carcomían mi mente sin llegar a ningún lado. Y en el fondo, no eran del todo verdaderos. Entonces entré a hacer yoga, una de las actividades que más amo y que, con toda honestidad, me reconfortó muchísimo. Esperaba con ansia la salida de la oficina para ir a practicar, empecé a hacerlo también los fines de semana. Sigo bendiciendo al yoga, agradezco mucho haber aprendido de su filosofía, conocer a los grandes maestros, pero aún así, algunas mañanas, o casi todas, seguía sintiendo ese vacío en mi interior.

Un fin de semana tomé un curso intensivo de yoga con un profesor que venía de Inglaterra, además de pararnos de manos y de cabeza, hacer respiraciones, meditar, una frase que dijo se quedó en mi corazón hasta hoy: “lo que pasa en el tapete, pasa en la vida”. Al día siguiente, fui a mi práctica cotidiana y mientras hacía un arco, mi brazo derecho se dislocó de forma severa. Ya me había pasado antes, no en el yoga, pero esta vez sentí un dolor horrible. Una vez en urgencias, —mientras esperábamos a que llegara la anestesióloga—, me enteré de que una niña de 16 años había muerto. Yo tenía 29 años, casi más de la mitad de lo que ella vivió. Pensé que era afortunada. Entonces recordé: “Lo que pasa en el tapete, pasa en la vida”, mi interior se estaba quebrando también.

Tras el accidente tuvieron que operarme y pasé varios meses inmovilizada del brazo derecho. Así, aprendí a comer con la mano izquierda, a escribir, a vestirme. Volví a empezar. Aprender de nuevo como desenvolverme en la vida. 

Como estaba incapacitada para trabajar, pensaba mucho, mucho. Pero de nuevo, los pensamientos eran desestructurados, difusos, llenos de confusión, no siempre me llevaban a puertos seguros.

—Isabel —me dije un día que llevaba una pijama verde menta, uno de mis colores favoritos. ¿Por qué no escribes?

—Ahora no me han encargado ningún artículo —me respondí a mi misma. —¿De qué podría escribir?

Mi trabajo, entre otras cosas, consistía en escribir para los demás o corregir los textos que escribían otros.

—Escribe de esto, de estar así, descubriendo tu lado izquierdo.

Entonces comencé una especie de diario personal al que titulé “Mi lado izquierdo”. Por primera vez, no estaba escribiendo por encargo. Escribía para mí. En ese texto, sólo me puse una condición: ser lo más sincera y auténtica posible conmigo.

Las cosas comenzaron a acomodarse, el dolor ya estaba dando tregua, me relajé, me tranquilicé, agradecí mucho la oportunidad que me daba la vida de detenerme un poco. Gracias a la escritura descubrí que no tenía por qué quedarme en un trabajo en el que no me realizaba del todo. Descubrí que podía hacer muchas cosas, entre ellas, enseñar a escribir. Enseñar el poder de la escritura que yo había descubierto en esos meses. Dejé mi trabajo de editora para cumplir el sueño de escribir. Unos meses después, imaginé y construí un curso de escritura terapéutica, un curso donde la escritura se usa para sanar, para conocernos, para vivir mejor.

Mandé la propuesta a la Universidad del Claustro de Sor Juana y me lancé. El curso de escritura terapéutica ha cambiado, se ha renovado, pero sigue teniendo la misma esencia: la palabra escrita tiene un poder de sanación que supera a la mera reflexión interna. Hoy también doy cursos de Storytelling para creadores de contenidos, cursos de escritura para empresas e instituciones, cursos para poder comunicarnos mejor, con el mundo, con los clientes, con nosotros mismos.

Creo en el poder de la escritura para convertirnos en quienes queremos ser. Hoy puedo decir sin temor a equivocarme que la escritura nos ayuda a ser más libres. Es el lugar donde puede suceder todo.



Si quieres saber más de mí, de lo que hago, puedes seguirme en Instagram como isabelibanez, en Twitter como @isabelibanez en Facebook como Isabel Ibáñez de la Calle y por supuesto en mi página isabelibanezdelacalle.com y en mi canal de Youtube.

Hasta la próxima.

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